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7 consejos para el apologista

Por: Miguel Rodriguez

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Parte de lo que es ser un buen defensor de la fe es saber con certeza cual es y cual no es nuestro trabajo al momento de compartir nuestra fe. Muchos argumentan que no se necesitan argumentos para llevar a alguien al cielo. Que solo necesitas fe. A pesar de que la fe es necesaria para acercarse a Dios, no obstante también la Biblia dice que hay que amar
a Dios con toda nuestra mente. No se puede amar a Dios con la mente si en secreto se tiene serias dudas sobre él. Es por eso que es necesario saber que podemos hacer y que no podemos hacer al momento de evangelizar.

                 ¿Cuál es nuestro trabajo?

  • Busca siempre el favor de Dios antes de adentrarte en una conversación con un no creyente. Debemos siempre recordar que nunca trabajamos por individual. No debemos pensar que solo con nuestro intelecto podemos convencer a todo el que nos pregunte sin la ayuda del Espíritu Santo. Nuestras palabras deben ser sazonadas con sal para que sean eficaces. Estudiar la apologética y no buscar la bendici
  • ón de Dios antes de embarcarse en evangelizar, es pensar que puedes salvar a alguien independientemente de Dios y esto no es así. Esto no es un juego. Esto no es buscar quien gana el debate o quien pierda. Esto es derrumbar todo pensamiento que se levante contra el conocimiento de Cristo para que se puedan acercar a él. Puedes quizas ganar el argumento, pero perder el alma ¿Cuál es más importante?
  • Prepárate. No pretendas tener todas las contestaciones a cada pregunta u objeción. Siempre habrá algo que no tendrás la menor idea de como contestarla. Escucha y observa debates profesionales por YouTube, lee libros sobre apologética, filosofía y teología. Conversa con alguien de confianza lo que aprendiste, pídele que te haga cualquier tipo de pregunta
    s y tendrás un buen entrenamiento intelectual. Dedícale mucho tiempo, a esto no le puedes dar migajas. Sin embargo, esto no es licencia para dejar de estudiar las Sagradas Escrituras o dejarla en un segundo plano. Has la Biblia tu prioridad, luego recurre a la apologética. Tampoco seas altivo al momento de debatir, queriendo presentar tus argumentos como irrefutables (aunque lo fuesen). Recuerda, nosotros tenemos buenas razones para creer en Dios, pero lo hacemos con modestia. No confundas la confianza con la altivez.
  • Reconocer que no siempre alguien aceptará lo que dices.  Muchos creyentes al intentar argumentar a favor de la existencia de Dios y el Cristianismo y no ver resultados inmediatos, se frustran. Debes siempre recordar q
  • ue nosotros somos los que sembramos, regamos o cosechamos, pero el crecimiento siempre lo da Dios, no tu. No te preocupes si no aceptaron nada de lo que dijiste en su momento Dios hará germinar esa semilla. No obstante cuando hables con alguien y no sepas que contestarle no tengas miedo de decir: “Fíjate, nunca lo había pensado antes. Permíteme pensar y estudiar un poco el asunto antes de responderte. ¿Está bien?” Esto no te hace menos intelectual, todo lo contrario. Le demuestras a la persona que tu no eres infalible, mucho menos la enciclopedia de apologética andante, al igual que le demuestras que su pregunta es importante para ti. Recuerda, no es buscar reconocimiento intelectual, es buscar que reconozcan a Dios como su Salvador.
  • Aprende a escuchar. En ocasiones no se necesita de argumentos irrefutables acerca de la existencia de Dios para convencer a otros. De hecho, es muy probable que en ocasiones ni utilices la apologética. Muchas veces debes utilizar un aikido intelectual ante una conversación. Escucha detenidamente a sus objeciones, quejas o hasta frustraciones. Posiblemente su problema no es intelectual sino uno emocional. También es posible que solo sea alguien que repite slogans, pero no sabe como defenderlos. Solo debes de hacer las preguntas correctas que lleven al no creyente a darse cuenta de lo fútil que fue su pregunta u objeción (Recomiendo fuertemente el libro Tactics de Gregory Koukl).
  • No presiones. ¿Nunca has pensado que es lo que está en juego para el no creyente? ¿No has pensado lo que va a perder? Obviamente sabemos lo que puede ganar: vida eterna, paz con Dios, sanidad espiritual, emocional y física, entre otros. Sin embargo, muchas veces a las personas se les hace duro aceptar el evangelio, pero no por falta de evidencia o porque lo hayas presentado mal. Es que reconocer que existe un Dios conlleva a demasiados cambios como: rechazo familiar, pérdida de amistades, problemas en el trabajo, reconocer que amistades y familiares se fueron de este mundo sin salvación, inclusive este cambio puede costarle la  muerte, y un sin número de variables más. No es cualquier cosa la que le estas pidiendo que hagas, es un cambio total, completo. No arranques la planta si todavía no está para la cosecha. Dios nunca obliga o presiona a nadie para que lo acepte. Tampoco tú lo hagas.
  • Persuadirlo de su mal uso de razonamiento, no de pecado. El deber del Espíritu Santo es convencer de pecado, nuestro deber como apologistas es convencerlos de su mal uso del razonamiento. Nunca inviertas este proceso. No estás trabajando solo, deja que Dios trabaje con el corazón del hombre, nosotros trabajaremos (pero no de forma independiente de Dios) con las objeciones que se levanten en contra de Dios. Decirle cuan pecador es y cuan caliente es el infierno, no lo acercará más a Dios. Harás que huya de Dios.
  • La mejor apologética. Vive lo que predicas. A pesar de que parece obvio, no lo es. Muchas veces vivimos como queremos sin importar quien mira. Posiblemente alguien no desee ni tan siquiera escucharte hablar de Dios porque conoce tu forma de vivir, conoce que eres incompatible con lo que predicas. Nosotros somos embajadores de Dios, y como embajadores debemos de representar a Dios en toda nuestra manera de vivir. Incluyendo hasta la manera de vestir. Nosotros somos muy susceptibles a las primeras impresiones y categorizamos al momento de observar a alguien por primera vez. Viste decentemente, habla con corrección, se responsable con tus deberes, se respetuoso, humilde, y mantente lleno del poder de Dios. Busca mantener tu testimonio lo más intachable posible. Eso atraerá a otros. Inclusive, y me ha pasado, al igual que a usted posiblemente también, se acercarán a ti para pedir la oración, acerle preguntas sobre la fe(pues percibió que usted es fiel creyente) y hasta pedir a Cristo como Salvador. Esta es la mejor linea de defensa, nuestra forma de vivir.

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